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miércoles, 4 de abril de 2012

Winter is coming (back)

Hola amigos, hace tiempo que no escribo, pero los estudios y otras cosas que no son los estudios me tienen bastante ocupado (y que soy un puto vago, para qué engañarnos)

Tras la entrada de la primavera, en la que seguía haciendo frío y de vez en cuando teníamos días de sol, vino el cambio de hora, con el cual las horas de luz se alargaron sensiblemente y nos permitían disfrutar de tardes más o menos agradables.

Incluso, el fin de semana pasado nos dimos el lujo de jugar al rugby en el parque de al lado del Zalgirio Arena, en una isla en medio del río, muy divertido todo, sobre todo el hecho de poder volver a sentir el balón oval en mis manos y al día siguiente sentirme de nuevo como si me hubiese pasado un trailer por encima, y es que ya lo decía mi abuela, palos con gusto no duelen.

El caso es que, cuando la primavera despuntaba, aunque las chicas se vistan igual que cuando hacía -30ºC, lleva dos días nevando a muerte. No hace frío suficiente como para que cuaje, y en la calle no se está a disgusto del todo, pero aquí no paran de caer copos y los tejados siguen blancos.

También destacar que aquí en Semana Santa no hacen nada especial. Tampoco es que a mí me quite el sueño, pero sí que echaré de menos la procesión de los Salzillos y los aperitivos de después que se acaban alargando hasta los bocatas de madrugada en casa del Maestro...

Pues eso amiguitos, que aquí sigue nevando y yo encantado, seguimos en contacto. Besos para todas y abrazos para todos

lunes, 19 de marzo de 2012

Winter has not gone yet

Y es que, aunque en cuanto llega Marzo nos flipamos, el invierno acaba oficialmente entre el 20 y el 21, y hoy seguimos a 19.
Este fin de semana ha hecho sol y buena temperatura (unos 15-16ºC) y ya comenzábamos a creer que como mucho ya sólo veríamos lluvias, pero una vez más, la naturaleza nos demuestra lo equivocados que estábamos.
Anoche comenzó a llover, y cuando iba a clase estaba todo mojado. Después de comer se ha levantado una ventolera considerable mientras seguía cayendo agua (bueno, eso de caer es relativo, el agua iba para todas partes) y conforme ha caído la noche ha empezado a nevar. De vez en cuando estos días atrás ha caído algún copo aislado de noche, pero era nieve como más seca, vamos que si te entraba el copo en un ojo te jodía, pero hoy el suelo vuelve a estar blanco. No hace demasiado frío, cerca de 0ºC, por lo que no creo que aguante mucho, pero ya sabéis que una de las razones por las que me vine aquí fue la nieve, y cada vez que la veo lo tengo que contar, yo soy así.

Por otra parte, los días se van haciendo mucho más largos, en el sentido de que anochece más tarde, pero también amanece mucho antes, aquí en verano con 5 horas de oscuridad nada más se tienen que volver jodidamente locos (aún más)

La verdad es que llevaba tiempo sin escribir, pero tampoco ha pasado nada reseñable estos días, salvo la celebración del cumple del Sevi, que alquiló un Limobus con el que nos dedicamos a pasear por Kaunas mientras montábamos la pre-party (y es que así llama esta gente al botelleo de antes de la discoteca). Nuestro primer destino fue el aeropuerto, a ver si veíamos a algún viajero al que llevar, pero no hubo suerte. También visitamos un mirador cerca de nuestro barrio, el típico sitio que en España sería un picadero, y como colofón volvimos a Kauno Marios, que sigue congelado. Una vez allí, por fin pude echarle hielo a los cubatas, que aquí sólo lo hay en las discotecas, y conforme iban cayendo copas y hacíamos el gilipollas mientras Marta se caía una y otra vez (pobrecica, tenía que disfrutarlo que la otra vez no pudo venir) se nos ocurrió la genial idea de echarnos una foto en calzones encima del lago helado. Ahí sí que hubiera tenido gracia que se hubiera roto la capa de hielo, con dos cojones.

Y sin nada más que contar, hasta aquí llega la entrada de hoy, un pequeño escrito relámpago en una pausa de mis estudios, porque aunque no lo creáis, y vosotros hoy estaréis de Día del padre, yo de vez en cuando tengo algo que hacer, y si a eso le sumamos que aquí no está mi señor progenitor, el resultado es que yo estudio mientras vosotros os los estáis tocando.

domingo, 29 de enero de 2012

Vuelvo a Kaunas (Parte II)

Ayer nos quedamos en que me iba a dormir después de ver el partido del Madrid. Por cierto, no os imagináis la cara de poker que tenía hoy la gente de Barcelona tras quedarse a 7 puntos en la Liga...
Bueno, a lo que vamos. Hoy me he levantado, he desayunado y me he ido al aeropuerto. Tras un buen rato de espera, en el que le he hecho la carioca al que envuelve las maletas para que me pesase mi equipaje por la cara (ya que los cabrones del aeropuerto no tenían una maldita báscula encendida) he facturado el maletón grande y he pasado el arco de seguridad teniéndome que quitar todo menos los pantalones y la camiseta (aunque tampoco hubiera sido un problema para mí, ya sabéis)

En el avión todo ha transcurrido dentro de la normalidad en Ryanair: asientos pequeños, gente intentando venderte cosas... lo típico. Viajaba con nosotros el FK Ekranas, equipo de la ciudad de Panevezys (la ciudad donde jugo España la primera fase del Eurobasket) el cual milita en la 1ª División lituana. A mi lado ha tocado esta vez una chica, que si bien no era un Hummer, tampoco es que se clarease. Todo indicaba que se había pegado su última noche en Barcelona de farra, sobre todo el olor a alcohol que desprendía y había intentado disimular con medio bote de colonia barata. Al bajar del avión, ya en Vilnius todo estaba lleno de nieve (por fin, coño. Uno de los motivos por el que me vine aquí era por el frío y la nieve y hasta ahora este país me ha estado puteando de lo lindo)  y una temperatura cercana a -15ºC. Para llegar a Kaunas tenía que tomar dos trenes, uno desde el aeropuerto a Vilnius y otro de Vilnius a Kaunas. Una cosa normal, pensaréis, y yo también lo pensaba hasta que he descubierto que entre que llegaba un tren y salía el otro había dos minutos de diferencia, así que he tenido que salir como alma que lleva el diablo cargado de equipajes para llegar a la otra vía a través de unos túneles. Una vez en el tren con destino Kaunas, me han cobrado el billete, con un suplemento por pagar a bordo. ¿Cómo coño quieren que vaya a la estación, compre el billete y vuelva a las vías en 2 minutos? No es que haya sido una gran cantidad, pero es de listos cuanto menos. Durante el trayecto, llamada de rigor a mami para decirle que todo estaba bien y un mensaje a cierta amiga mía que se cabrea porque nunca la menciono en el blog.

Al llegar a Kaunas, todo lo que era nieve virgen e inmaculada en los aledaños de las vías del tren, aquí es hielo pisado por todo el mundo, el cual te puede jugar alguna mala pasada. A mí aún no me la ha liado, y toco madera. Los agujeros, socavones y rajas de las aceras ahora están cubiertas por la nieve y se convierten en trampas mortales invisibles. Conforme me dirigía a la parada del bus me ha llamado Jose, que ya lleva aquí unos días, y ha aparecido con toda nuestra pandilla kauniana, dándome un alegrón de tres pares de cojones, porque mira que los he echado de menos.

Tras un rato en la parada, donde hemos hecho un nuevo amigo lituano que, para variar, nos ha preguntado qué cojones hacemos aquí que esto es una mierda, ha llegado nuestro bus. Hemos llegado a la resi y... ¡la puerta de nuestra habitación estaba abierta! Nos hemos quedado un poco picuetos, hasta que ha aparecido Magda por la puerta del otro cuarto de nuestra habitación. Magda es una chica polaca que ya vivió aquí el año pasado con Coki y Zazu, a la cual conocimos hace un par de meses un día que se decidió a visitar a la gente de la resi y ahora viene para hacer prácticas o algo así. Así que, contamos con una nueva compañera durante al menos los próximos dos meses.

Sin más, hasta la próxima entrega, que supongo que será después de deshacer las maletas y todo eso, porque ahora no tengo ganas.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Are you (fucking) kidding me?

No, no va de procrear la cosa, aunque podría, pero no.  El caso es que tras mi indignación por el clima del país, éste decidió callarme la boca la otra noche. ¿Cómo? -os preguntaréis- (bueno, ya sé que no, pero es un recurso literario más) Pues sí, efectivamente me calló la boca con nieve.

Pero no esperéis nada del otro jueves ni fotos super molonas meando nuestro nombre en una alfombra blanca, haciendo muñequitos, fuertes, guerras de bolas, angelitos... (mis ganas locas). Tras unos prometedores copos, que entraron al abrir la ventana cuando alguien nos dijo que comenzaba a nevar, todo se quedó ahí. Sí, el suelo tenía manchitas blancas, hacía frío, y era esperanzador, pero nada más.

Así que, proseguimos con el plan original, salir por la noche. Botelleo con vodka de la botella verde ( y mira que los lituanos nos dijeron que ni se nos ocurriese, que eso era mata ratas) pero no había otro en el cutre Maxima al que fue Jose tras salir del gimnasio. Sí, algunos le han echado dos huevos y se han apuntado a uno, yo prefiero el de la uni, lleno de óxido (tengo que poner a prueba mi antitetánica, que nadie me ha asegurado que funcione) El caso es que nos bebimos ese brebaje del infierno, y duré poco con vida. Decidí que lo mejor era ir a acostarme, y eso hice. Una retirada a tiempo es siempre una victoria, chavales.

Tras esto, un finde divertido, sin planes disparatados, pero muy satisfactorios. Un cocidito casero en casa de los de León (pero sin patatuelas ni aperitivos, que luego no nos comemos el cocido de Javi y se enfada) con su respectiva gelatina de vodka para el postre, una fiesta donde las polacas y la noche antes un mano a mano del Jesús Team, sí señores, el sevillano y yo solos de fiesta, ¡con dos cojones! porque nosotros somos leones, no huevones.

¿Y la nieve? Pues seguimos igual, ni rastro. Este país juega con nuestras ilusiones ofreciéndonos unos copos y luego nos los quita. Encima esta semana suben las temperaturas.  Como un día dijo un sabio: "Lituania no tiene corazón (y las lituanas menos todavía)"

Nos vamos al Brabaria a calzarnos algún morteraco de esos de 5 litros de cerveza a un módico precio. Hasta pronto, muchachada.

martes, 11 de octubre de 2011

Winter is coming...

O para los menos avezados en la lengua de la pérfida Albión, "se acerca el invierno". Los más frikis le encontrarán su gracia y todo al título, digno de Lord Stark, pero como os iba anunciando en la anterior entrada, esto empieza a apretarse. Sí, para esta semana las mínimas empiezan a ser negativas y, hoy, sin ir más lejos, hace un día propio del más puro invierno mediterráneo. Con la lluvia, aire frío y horrible sensación térmica que aporta la humedad podría afirmar que estoy en Mucia en pleno enero.

Lo gracioso de todo esto es que pensaréis que al ser un país lluvioso, estarán preparados y no pasará como en Murcia, que a la mínima que caen cuatro gotas está todo encharcado. Pues nada más lejos de la realidad, está todo levantado, lleno de hoyos y zanjas que tienen la graciosa costumbre de llenarse de agua cuando llueve. Pero eso no es lo peor, es que en nuestro barrio (increíble que no os haya hablado aún de él, ni de nuestra casa, pero se merecen una entrada aparte, que vendrá en breve) que es un barrio residencial (bastante cutre, pero barrio residencial a fin de cuentas) la gente conduce como si le fuera la vida en ello (aunque es así en todo el país, pero aquí es exagerado) la gente va por las calles, rectas y de dos carriles, a unos 70-80 km/h lo cual, sumado a que está todo hecho un solar, hace que salir a la calle un día de lluvia se convierta en una auténtica gimkana. Los coches (y mucho menos nuestro viejo amigo el minibus 30)  no reducen ni aunque les paguen, así que os podéis los baños de agua, barro y piedras que se llevan los incautos que andan demasiado cerca de la calzada.

Otra cosa de la que nos hemos dado cuenta, es que la gente viste igual haga la temperatura que haga, inexplicable. De hecho, hoy me he cruzado con una chica (guapísima, por cierto) que en un día lluvioso, con todo lleno de barro y charcos, vestía con una chaqueta, debajo una camiseta blanca, vaqueros y unos taconazos de color blanco, gracias a los cuales ha estado a pique de abrirse la cabeza varias veces en los metros de trayecto que hemos compartido.